Hoy reuní fuerza, ya que hace días tenia planeado volver pero no volver como cualquiera, sino volver como vuelven los grandes. Fuertes, decididos y lo más importante y que no se nos puede olvidar, regresar siempre y compartir esas lecciones que nos hacen lo que al principio nombré (fuertes y decididos).
Hace algún tiempo que llevo como trabada, hace algún tiempo que me encuentro perdida.
En lo profundo de mi, habitaba un ser que desconocía, un ser sin sentido.
En ocasiones llegue a pensar que en mi locura imaginaba que perdía el control, pero en mi realidad así estaba sucediendo.
Cada mañana al abrir los ojos no sentía ni alegra, ni tristeza, así fue por muchos años, ya lo veía como normal, era normal. Pero lo normal un día se convirtió en raro, eso lo descubres cuando alguien a tu lado despierta cada mañana con una sonrisa hermosa, una mirada brillante como la luz, solo porque tal vez te ve a su lado, quizás porque si tiene motivos por los cuales hacerlo aunque no seas tú y solo sea la brisita que entra por su ventana cada mañana. El hecho es que esa persona sonríe por algún motivo que tu jamas conociste, ni pensaste que podía existir.
Esa persona inconscientemente te muestra que o tú haz estado mal todo ese tiempo o simplemente estas como un recién nacido, solo conociendo la vida por primera vez.
Y te motiva, y te cuestionas, te preguntas, te enredas, caes en tu locura, te ríes o simplemente haces como yo, te quedas analizando lo que acabas de ver, sentir y vivir.
Un día decides ser feliz también como esa persona que te compartió su felicidad una mañana, te compartió ese pedacito de si, aunque haya sido por error, un error que para ti fue segundos de vida y un cambio eterno.
Un día despiertas también con una sonrisa, y ahora si todo tiene sentido, un dia descubres que para estar feliz no se necesita motivos si no agradecimiento, ser agradecido con la vida de que no te falta nada, que jamas te ha faltado absolutamente nada para vivir y querer ser feliz.
Si todas las mañana te miras, si todas mañanas te analizas, te conoces. Te darías cuenta que el motivo eres tú mismo, que el motivo que necesitas para convertirte en tu propio motor eres tú mismo.
No hay amor propio que no valga la pena, ese es el único amor eterno y verdadero, el que puedes tener por ti mismo y el que puedes compartir con alguien que decida recibirlo.
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